Al anochecer del día 7 de Diciembre, el pueblo de Jarandilla celebra la fiesta de Los Escobazos, declarada de Interés Turístico Regional, en honor a la Inmaculada Concepción.
El origen de la fiesta es incierto, aunque se puede asociar a los Autos de Fe o a la de los pastores que bajaban de la Sierra para celebrar la fiesta tras largos periodos de ausencia.
Desde el siglo XVI se conservan escritos que notifican el deseo de hacer una imagen de la Virgen, y que ésta fue encargada y pagada por el jarandillano Gaspar de Loaysa a su vuelta de América. Ya en el siglo XVIII existía una Cofradía bajo la advocación de la Virgen de la Concepción.
Desde los primeros momentos del anochecer, los jarandillanos se van reuniendo en la Plaza Mayor del pueblo portando grandes escobas, que han confeccionado días antes y que más tarde encenderán para alumbrar en la procesión y de camino, golpear con alegría a cuantos visitantes y naturales se acercan hasta los lugares donde se encuentran reunidos. Siguiendo una de las versiones originarias, el escobazo de saludo popular se ha convertido también en una muestra de veneración religiosa, en este caso expresadas con la quema no de velas, sino de escobas elaboradas con productos que da la naturaleza.
El momento cumbre de la noche es cuando se inicia la procesión que acompaña al Estandarte de la Virgen de la Concepción, que es portado por un jinete que va a lomos de un caballo. Los vecinos, andando o a lomos de caballerías, acompañan con sus escobas encendidas en procesión al Estandarte por las calles de Jarandilla de la Vera, entre cánticos de alabanza a la Inmaculada Concepción.