Quien lo ha visto dice que no hay nada más hermoso en el mundo que el Valle del Jerte cuando están los cerezos en flor. Este Valle sensitivo, tranquilo y natural conserva todos los atractivos para una ruta inolvidable, que estará acompañada de una gastronomía sencilla, pero suculenta y auténtica.
El Valle, escondido en las estribaciones de la Sierra de Gredos abrigado de vientos y favorecido por un microclima respetuoso y moderado, es un vergel en donde, junto a la cereza, que es la reina, se cultivan ciruelas, peras, higos y castañas y el bosque proporciona frambuesas, zarzamoras, grosellas y moras.
La Denominación de Origen Cereza del Jerte está acreditada como "entidad de certificación de producto", por cumplir con las normas y exigencias europeas más estrictas. El aval de garantía numerado certifica que las cerezas han sido sometidas a controles, pruebas y análisis diversos, para asegurar la plena satisfacción del consumidor.
Cerezas escogidas y de una calidad inigualable, cultivadas en una zona de montaña, en pequeñas explotaciones familiares con un entorno limpio; Cerezas que maduran en el árbol y que son recogidas a mano, fruto por fruto y con esmero. Las buenas prácticas agrícolas de los agricultores del Jerte salvaguardan la salud y no atentan contra el medio ambiente. Con el nombre "Picota" se denominan 4 variedades tradicionales de cereza propias del Valle del Jerte y perfectamente adaptadas a sus zonas agrícolas más altas. Se cultivan en las laderas del Valle entre los 700 y 1.200 metros y son muy difíciles de encontrar en otras zonas productoras. Su característica más peculiar es que desprenden el rabillo de forma natural en el momento de ser recogidas del árbol. Son muy apreciadas por su singular sabor, su jugo y la firmeza de sus pulpas. Las 4 variedades son dulces y equilibradamente ácidas. Búsquelas bajo los nombres de Ambrunés, Pico Limón Negro, Pico Negro y Pico Colorado entre mediados de junio y principios de agosto, época en la que maduran.
Siguiendo el curso del río Jerte, por la Nacional 110, recorreremos las distintas poblaciones que configuran la ruta de las frutas y los licores y veremos unos parajes de gran atractivo e indudable belleza, difíciles de olvidar.
1.- Cabezuela del Valle, visitaremos su puente, la plaza Porticada y la iglesia de San Miguel Arcángel, obra de los siglos XVI y XVIII probablemente realizada sobre una antigua sinagoga.
2.- Tornavacas y Baños de Montemayor con sus baños Termales.
3.- Piornal y Jerte, con su puente de Carlos V
4.-Aldeanueva del Camino, Navaconcejo y Hervás, con su barrio judío, declarado conjunto histórico-artistico y su iglesia de Santa María, construida en lo alto de la población a modo de fortaleza, construida entre los siglos XVI y XVII de estilo renacentista.
Los aguardientes y licores del Valle son, en la actualidad, uno de los productos de mayor prestigio y calidad de la gastronomía extremeña.
La zona, además de frutas y licores, es muy rica en setas, truchas y cabrito. Es una cocina recia y austera, pero muy variada y actualmente aumenta su valor en función del enorme atractivo turístico de la ruta.
Entrando por Tornavacas es famosa su ensalada de invierno, con naranjas, aceitunas negras y un hermoso chorreón de aceite puro de oliva. En Jerte, su sopa de patatas y las frambuesas a la miel con nata. Cabezuela del Valle hace unas truchas escabechadas inolvidables. En Navaconcejo, las truchas son fritas y esconden una loncha de jamón. Si subimos al Piornal en época de setas, encontramos todos las variedades y cocinadas de mil maneras, así como un riquísimo cabrito al horno; y en Hervás, tras pasearnos por su judería, es obligado el disfrutar de su caldo cano y de sus truchas al tomillo.
Plato Típico: Truchas al estilo Jerte
INGREDIENTES: Truchas, jamón, piñones, harina, zumo de limón. Aceite, perejil y ajo
ELABORACION: Se fríen en poco aceite, todas miran do para el mismo lado, debiendo quedar poco fritas. En el mismo aceite se fríe un ajo, un picadillo de jamón y unos piñones hasta que se doren. Se les agrega un poquito de harina, friéndola hasta dorarla, junto con el zumo de un limón y un poco de agua. Esta salsa se echa sobre las truchas, que llevaremos al horno durante diez minutos, para que se pasen con la salsa. Se adornan con rajas de limón y perejil picadito.